Mindfulness para combatir el estrés

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El estrés se define como una reacción fisiológica del organismo que actúa como mecanismo de defensa para afrontar una situación que se percibe como una amenaza o una alta demanda. El estrés, en tanto que reacción defensiva, nos activa, nos predispone a la acción. Ese “estrés bueno”, el llamado “eustrés”, tiene un componente positivo, ya que el cuerpo desarrolla una serie de mecanismos para aumentar las probabilidades de supervivencia frente a una amenaza a corto plazo. Ocurre que este estado de alerta sostenido, cuando se mantiene en el tiempo, conlleva un componente negativo, se convierte en el llamado “distrés”, en “estrés malo”.

Este estrés tóxico desgasta las reservas del organismo, crea adicción y suele producir diversas patologías asociadas con la ansiedad e incluso la angustia. Hay tres motivos principales que nos generan estrés: el desencuentro o desconexión con otras personas, la falta de seguridad y la imposibilidad de demostrar nuestras capacidades.

Podemos chequear nuestro nivel de estrés respondiendo con sinceridad a preguntas como las diez siguientes:

  • Cuando algo falla, ¿cuánto malhumor te genera?
  • ¿Cómo reaccionas ante las críticas?
  • ¿Te irritas a la mínima?
  • ¿Duermes bien cuando hay alguna dificultad en tu vida?
  • ¿Qué músculos se agarrotan o qué parte de tu cuerpo te duele?
  • ¿Te sorprendes en estado absorto?
  • ¿Caminas rápido, sin percibir lo que tienes a tu alrededor?
  • ¿No escuchas porque piensas en otra cosa?
  • ¿Aprietas la mandíbula?
  • ¿Cómo digieres después de las comidas?

Estudios científicos han demostrado hoy lo que hace más de dos mil años ya sabían los budistas, que un estado de atención consciente ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, a aumentar la resistencia emocional y a obtener un mayor disfrute con lo que estemos haciendo.

El mindfulness o “conciencia plena” consiste en prestar atención, momento a momento, a pensamientos, emociones, sensaciones corporales y entorno, enfocando el cerebro a la percepción desde la aceptación y el no juicio. El mindfulness predica el volver a la simplicidad del momento presente, al principio del aquí y ahora. Como tantas otras capacidades, la atención consciente también se entrena. La práctica del mindfulness se ejercita mediante la respiración y la meditación, y permite aprender a focalizar la atención de manera consciente. La práctica del mindfulness consigue activar áreas del cerebro que estaban dormidas; permite recuperar la capacidad creativa y la capacidad de asombro, y libera oxitocina, serotonina y dopamina, lo que genera en nosotros mayor capacidad de diversión y disfrute.

Ejercicios de respiración y la práctica de la meditación son recursos que el coaching también utiliza para aumentar la autoconciencia, fomentar la reflexión, visualizar escenarios futuros y gestionar emociones.

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