Tiempos de cambios

Queda muy poco para que llegue la Navidad 2018.

Son tiempos de echar la vista atrás, de valorar qué hemos conseguido en este año que acaba, qué objetivos hemos cumplido, qué nuevos hábitos hemos incorporado en nuestro día a día, qué cosas han cambiado en nosotros.

Son tiempos de definir nuevos retos para el año 2019 que empieza, nuevos proyectos, nuevas ilusiones.

Son tiempos de agradecer, de dar las gracias a aquellos que nos han ayudado en nuestro camino.

Son tiempos de perdonar y de disculparse, de rehacer vínculos, de recomponer la confianza, de restablecer relaciones.

Son tiempos de pedir ayuda, de confiar en aquellos que pueden acompañarnos en estos 12 meses que ahora empiezan de nuevo.

Son tiempos de alegría, de reencuentros, de sorpresas, de regalar y recibir.

Son tiempos de recuerdos y de nostalgia, de tener presentes a los que se fueron y a los que echamos tanto de menos.

Son tiempos de cambios, así como es la vida, cambiante, siempre nueva, emocionante y sorprendente.

Os invito a abordar este año que empieza desde la curiosidad y la voluntad de seguir en esa senda de desarrollo y crecimiento, de auto conocimiento, de toma de conciencia y de reflexión, en el que mutuamente todos nos acompañamos.

Os deseo una feliz, feliz Navidad 2018, y un próspero año 2019, en el que espero que encontremos ese hilo rojo que nos permita dar luz a nuestras estrellas.

Felicitación Navidad 2018

Las preguntas poderosas

Una pregunta poderosa es aquella que no se puede responder con un sí o un no, es una pregunta abierta, una pregunta que lleva a la reflexión, que mira al futuro y abre posibilidades y alternativas. Para ser capaz de responder a ella tenemos que hacer un ejercicio de introspección y autoconocimiento muy importante.

 

Aquí dejo 10 ejemplos de preguntas que pueden cambiar nuestras vidas:

  1. ¿Qué me gustaría hacer de verdad con mi tiempo?
  2. ¿Cuáles son mis puntos fuertes y cales mis áreas de mejora?
  3. ¿Qué tengo pendiente de hoy?
  4. ¿Qué legado me gustaría transmitir?
  5. ¿Qué necesita mi familia de mí?
  6. ¿Qué hábitos mejorarían mi salud?
  7. ¿Dónde me gustaría estar en el ámbito laboral en cinco años?
  8. ¿Qué relación mantengo conmigo mismo?
  9. ¿Cómo me gustaría que me recordaran?
  10. ¿Qué decisiones son las que más me cuesta tomar?

 

Hay quien define el coaching como el arte de hacer preguntas, interrogantes en nuestra vida que acompañan a las personas. Con la propia respuesta de uno mismo se consigue un auto aprendizaje muy amplio que permitirá a cada uno redescubrirse constantemente y adquirir nuevas creencias que le posibiliten alcanzar sus retos, abriendo nuevas posibilidades de acción en el futuro.

3 leyes a recordar para una mejor gestión del tiempo

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Se dice que la clave del éxito de una persona es el modo en que administra su tiempo. Cuando hablamos de gestionar el tiempo de una manera eficaz, de lo que se trata es de responder a la pregunta de ¿cuál es la mejor manera de usar este minuto? Definir los objetivos, analizar las actividades a realizar y programar el tiempo nos van a ser de mucha utilidad para ello.

El tiempo es un recurso escaso y posiblemente uno de los bienes más preciados. Tiene algunas características propias que le hacen muy diferente a otros recursos. Y es que el tiempo es equitativo, en el sentido de que está repartido por igual: todos tenemos por delante cada día los mismos 1.440 minutos. El tiempo no puede acumularse, ni ahorrarse, ni tomarse prestado, a diferencia de otros recursos. Y, por último, el paso del tiempo es inexorable y sin posibilidad ninguna de vuelta atrás. Lo paradójico es que cada uno de nosotros disponemos, mientras vivimos, de todo el tiempo que existe, pero en multitud de ocasiones tenemos la sensación de que no tenemos tiempo suficiente.

Hay 3 Leyes que son de especial aplicación para aprender a gestionar el tiempo de manera más efectiva.

La primera de las leyes es el Principio de Pareto, que nos dice que el 20% del tiempo de trabajo de una persona contribuye al 80% de los resultados.  Vifredo Pareto afirmó que “los elementos críticos de cualquier conjunto constituyen, por lo general, sólo una minoría”.

La segunda ley que explica la gestión del tiempo es la Ley de Parkinson, que explica por qué las cosas llevan más tiempo del que deberían: “todo trabajo se dilata indefinidamente hasta ocupar todo el tiempo disponible para su completa realización”.

Y la tercera ley que aplica cuando nos referimos al tiempo son las 3 Leyes de Murphy. La primera de ellas nos dice que “nada es tan sencillo como parece en un principio”. La segunda nos advierte de que “todo lleva más tiempo de lo que se pensaba al principio”. Por ello, no resulta eficaz asignar a una tarea un tiempo escaso. Complementando a la Ley de Parkinson, tan ineficaz es asignar un tiempo excesivo como insuficiente. La tercera Ley de Murphy fue la que le hizo famoso y es la que dice que “si algo puede ir mal, irá mal”. Anticiparse a los fallos y tener un plan de contingencia nos ahorrará tiempo en el futuro.

Para tomar conciencia de lo eficaz que resulta la gestión del tiempo, suele ser un buen ejercicio el asignar un valor económico a una hora de nuestro tiempo. Con ello tendremos más claro el coste de oportunidad del tiempo “perdido”. Entendiendo como “tiempo perdido”, el hacer algo que es menos importante que otra cosa que se pudiera hacer en su lugar.

¿Qué son los pensamientos negativos automáticos (ANT)?

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Nuestro cerebro es capaz de procesar unas 500 palabras por minuto mientras que el número medio de palabras pronunciadas por minuto es de 150. Este exceso de capacidad se utiliza en todos nuestros juicios, emociones, conversaciones paralelas, prejuicios, que constituyen ese diálogo interno con nosotros mismos. En ocasiones, estos diálogos internos provocan dudas y temores y acaban generando desconfianza e incluso ansiedad.

Desde la psicología, se han estudiado en profundidad los pensamientos negativos automáticos, conocidos por sus siglas en inglés ANT (automatic negative thoughts), así como las emociones que generan en nosotros. El doctor estadounidense Aaron Temkin Beck los estudió en profundidad en los años 60 y definió sus tres características principales: son mensajes específicos, son mensajes creíbles que se viven por la persona como una verdad y son mensajes irreflexivos.

John Paul Flintoff definió algunos pensamientos negativos a evitar para conseguir nuestras metas, vamos a recordarlos:

  • Pensar en blanco y negro. Pensamientos como “esto sólo me pasa a mí”, “esto es mi culpa” no dejan lugar a los grises y no abren soluciones.
  • Leer la mente de otros. “Todos creen que soy un inútil”, una opinión consensuada se vive como verdad.
  • Predecir el futuro. Pensamientos como “no va a funcionar” llevan a no hacer nada y seguir igual.
  • Generalizar. “Siempre pierdo el autobús”
  • Minimizar lo positivo. “He aprobado, pero cualquiera podría hacerlo”
  • Dramatizar, hacerse la víctima y exagerar la parte negativa de alguna circunstancia
  • Insultar, tanto a nosotros mismos como a otros. “Soy un desastre”, “mi jefe es un imbécil”. A fuerza de repetición, este pensamiento puede llegar a convertirse en creencia.
  • Ser catastrofista. Es uno de los pensamientos negativos automáticos más extremos, en los que la persona piensa que todo lo que le ocurre va a acabar mal. “Todo lo que hago me sale mal”.

Estos pensamientos negativos se convierten en un “saboteador interno” que, si no somos capaces de controlarlo, puede impedirnos el cambio e incluso generar situaciones de mucha ansiedad. Existen técnicas para escapar de estos pensamientos. El primer paso es el de identificarlos y reconocerlos, tomar conciencia de que se trata de pensamientos irreflexivos y de los que no somos responsables de forma consciente. El coaching ayuda a poner luz sobre estos pensamientos y facilita el salir del círculo vicioso que generan. ¿Te animas a probarlo?

“Por favor”, “lo siento” y “gracias”, 3 sencillas frases que abren muchas puertas

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Dale Carnegie escribió en los años 30s un manual para ganar amigos que ha tenido millones de lectores y seguidores desde entonces. Estableció lo que para él eran las dos Reglas de Oro: la primera regla consiste en no criticar, no condenar ni quejarse. En lugar de censurar a la gente, Carnegie nos anima a tratar de comprender, a tratar de imaginar por qué las personas hacemos lo que hacemos. La segunda regla recomienda demostrar un aprecio sincero y honrado. El aprecio es algo que todo el mundo agradece y con él según Carnegie se consigue mucho más que con otros recursos. No olvidemos que la única manera para conseguir que alguien haga algo es que esa persona quiera hacerlo. Las dos Reglas de Oro de Dale Carnegie siguen siendo casi un siglo después de rabiosa actualidad.

De hecho, numerosos estudios han demostrado que la satisfacción con la vida está en los genes, si bien las fuentes de felicidad son diversas y personales. La habilidad de cada persona para moldear la percepción de la realidad y así preservar su equilibrio emocional es sorprendente. Hay algunos factores que sin duda nos ayudan a mantener esa felicidad, entre otros: nuestro cuerpo, la autoestima, los pensamientos positivos, las conexiones afectivas, el recuerdo y el olvido, el agradecimiento y el perdón.

Hay 3 sencillas frases que nos abren muchas puertas: “por favor”, “lo siento” y “gracias”.

Porque pedir ayuda es también, en contra de lo que a veces creemos, una muestra de humildad, compromiso y fortaleza. Mostrarse vulnerable y pedir perdón no tiene porqué ser un signo de debilidad. La honestidad nos acerca al otro y nos abre la posibilidad de conectar y comprendernos de una manera más positiva. El agradecimiento y el mostrar gratitud favorece la generación de confianza y compromiso, claves para la creación de vínculos de relación eficaces.

De hecho, la gratitud va más allá del agradecimiento y es un elemento clave para nuestro bienestar. La gratitud es más que un sentimiento, es una actitud y una virtud. La gratitud va asociada a las emociones y actitudes positivas, como son la amabilidad, la simpatía, la comprensión, la empatía y la generosidad. Nos hace percibir a los demás en clave positiva y fomenta la colaboración. Los expertos aseguran que la gratitud tiene un gran efecto protector en la salud mental y un impacto también en nuestro bienestar físico.

¿Qué son los ladrones del tiempo?

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El tiempo es un bien preciado y escaso. Si hay alguna certeza en cuanto al tiempo, es que el día no tendrá nunca más de 24 horas y que no hay forma de volver atrás en el tiempo. Cada día se abre una nueva cuenta atrás de 1.440 minutos de los que es la responsabilidad de cada uno el decidir qué hacer con ellos, en qué invertirlos o en qué gastarlos.

Conseguir una gestión del tiempo más eficaz es un reto frecuente en las sesiones de coaching, tanto a nivel personal como a nivel profesional. El objetivo puede ser variado: desde mejorar la eficacia de las organizaciones, el aumento de la productividad, el liberar tiempo para una mayor conciliación entre la vida profesional y la familiar, e incluso reducir el estrés y la ansiedad que provoca la sensación de no alcanzar nunca lo que se quiere por “falta de tiempo”.

Hay dos tipos de ladrones del tiempo. Unos son aquellos que vienen del exterior. Aquí entran situaciones como:

  • La espera a que alguien dé una respuesta o aprobación
  • La indefinición de una tarea a realizar
  • El exceso de trabajo o las interrupciones
  • Comunicaciones deficientes
  • Cambios continuos de prioridades
  • Reuniones innecesarias
  • Procesos burocráticos

También existen otro tipo de ladrones del tiempo, aquellos que dependen de uno mismo. Aquí se engloban situaciones como:

  • La incapacidad para delegar
  • La falta de concentración o la fatiga
  • La falta de auto disciplina
  • El no tomar decisiones
  • El no acabar las tareas iniciadas
  • Una actitud negativa hacia la tarea o el trabajo

El primer paso para aprender a gestionar el tiempo de una manera más eficaz pasa por reconocer estos ladrones del tiempo y ser conscientes de los recursos que ocupan. Después será el momento de establecer prioridades y marcarse unos objetivos realistas y alcanzables, así como planificar las actividades de forma adecuada.

Es hora de dejar de utilizar el tiempo como excusa y comprometerse con un uso más eficaz de esos 1.440 minutos que la vida nos regala cada día.

Los 3 factores de la motivación

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Hoy hablaré de motivación, tanto en el ámbito personal como en el profesional. La motivación es el motor del cambio. Estar motivado consiste en definitiva a encontrar un sentido a lo que hacemos, el motivo que tenemos para hacer cosas.

Martin Selligman, psicólogo famoso por su apuesta por la psicología positiva, dividía la felicidad en tres niveles: la vida placentera (satisfacciones, disfrute, placer), la buena vida (dedicarse a algo que en su esencia gusta) y la vida con sentido (convertir la vida en una actividad de servicio a los demás y que cobra sentido en función de algo “superior”).

Haciendo un paralelismo con la división de Selligman, cuando se habla de motivación, también se divide en tres conceptos:

  • La motivación extrínseca, aquella que se basa en factores externos y ajenos a la propia actividad que se desempeña. Si hablamos de motivación laboral, aquí hablamos de factores como el salario, otras compensaciones, estatus, poder, relaciones con otros.
  • La motivación intrínseca, aquella que viene dada a través de elementos internos y propios de la actividad. En el ámbito del trabajo, aquí caben conceptos como el contenido mismo del trabajo, la responsabilidad, la iniciativa.
  • La motivación trascendente, aquella que trasciende nuestra propia dimensión personal y abarca la de los demás.

Los factores extrínsecos son condición necesaria pero no suficiente para la motivación. La verdadera motivación viene de dentro de la persona, depende de que la persona encuentre un motivo que le mueva a hacer algo. La motivación trascendente es la más potente, nace de la conciencia de que la forma de actuar personal aporta valor a los demás.

Goethe decía “trata a una persona como lo que es y seguirá siendo lo que es; trata a esa persona como lo que puede y debe llegar a ser, y acabará convirtiéndose en lo que puede y debe llegar a ser”. Es el llamado efecto Pigmalión, el de la profecía auto cumplida.

Recordar para acabar que la motivación es relativa y subjetiva y que cada persona da valor a factores distintos. Y también que la motivación está íntimamente ligada con las expectativas: a mayores expectativas, mayor es la motivación, pero también mayor la frustración potencial si las expectativas no se cubren. De ahí que el pase de la motivación a la desmotivación sea una línea muy fina en ciertas ocasiones.

Paul Ekman y el rostro de las 7 emociones

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El eminente psicólogo Paul Ekman, considerado uno de los cien psicólogos más destacados del siglo XX, ha dedicado gran parte de su vida profesional al estudio de las emociones y ha sido pionero en el análisis de las expresiones faciales que las acompañan.

“No podríamos vivir sin las emociones”, decía, “la cuestión es cómo vivir mejor con ellas”. Y es que las emociones nos preparan para manejar sucesos importantes sin tener que pensar en lo que hay hacer. Las emociones son repentinas, biológicas e incontrolables. Se generan por un recuerdo, por una experiencia, por la empatía y relación con otros, por la educación adquirida o por las normas sociales que imperen en el entorno.

Las emociones modifican la manera en que se percibe el mundo y en cómo se interpretan las acciones tanto propias como de los demás. Una emoción es breve, llega y se va. Cuando la emoción se expresa de forma reiterada y continua, es cuando se habla de estado de ánimo.

Para Ekman las emociones principales son siete: la tristeza, la ira, la sorpresa, el miedo, el asco, el desprecio y la alegría. La mayor contribución de Ekman en el estudio de las emociones fue demostrar a través de estudios muy completos y muchas fotografías que el rostro de las emociones es universal y se refleja de forma muy similar en cualquier cultura y raza.

Así la tristeza, una de las emociones que tienden a durar más en el tiempo, se refleja en la expresión facial y en la voz; con la ayuda de ambas, se conforma una llamada de auxilio lanzada a los demás. También el llanto es una expresión emocional de carácter universal.

La ira suele provocar más ira, y se puede entrar en una rápida escalada que hace que sea considerada como la emoción más peligrosa. La ira avisa de la necesidad de cambiar algo, hace saber al resto que “hay problemas”, y en ese ciclo vicioso muchas veces lo que se busca es la oportunidad de enfadarse.

La sorpresa es la más breve de todas las emociones.

El miedo responde a la percepción de una amenaza de daño físico o mental. La reacción que suele provocar es esconderse o huir.

Los niños y los adolescentes se sienten fascinados por el asco. A esas edades atrae lo raro, lo enfermizo, lo desgraciado y lo socialmente contaminado.

El desprecio o desdén también tiene una expresión facial universal.

Y, por último, la alegría, que donde más se aprecia es en el tono de voz. La alegría presenta diversos grados: diversión, contento, excitación, alivio, asombro, éxtasis, gratitud, elevación, etc.

Los estudios de Paul Ekman demuestran que todos experimentamos las mismas emociones, pero todos las experimentamos de manera distinta. La respuesta que cada uno dé a esa emoción y el cómo la viva, es la que marcará la diferencia de actitud entre las personas.

Las claves de la confianza en uno mismo

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Confianza en sí mismo

La confianza es la base sobre la que se construyen relaciones sólidas y de afecto. Cuando hablamos de confianza, hablamos tanto de tener confianza en uno mismo como en la capacidad de inspirar confianza en los demás.

Stephen M.R. Covey (hijo de Stephen Covey) ha escrito mucho sobre la confianza. En su libro “La velocidad de la confianza” (2007), Covey desgrana los cuatro pilares sobre los que, según él, se asienta la generación de confianza: la integridad, la intención, la capacidad y la obtención de resultados.

Por integridad se entiende el ser congruente, el poseer el coraje para actuar de acuerdo con valores y creencias. Ser honesto, causar buena impresión, cumplir lo que se promete, y ser humilde son actitudes que alimentan esta integridad. Covey nos da tres buenos consejos al respecto:

  • Establecer compromisos consigo mismo y cumplirlos
  • Definir su misión
  • Mostrarse abierto

Por intención Covey engloba las motivaciones, las prioridades y la conducta. Genera confianza quien busca el mutuo beneficio, quien actúa por el bien de los demás. Tres recomendaciones en este punto:

  • Examinar las intenciones y perfeccionarlas, comportarse como la persona que se quiere ser
  • Manifestar las intenciones
  • Optar por la abundancia

Las capacidades son los talentos, las actitudes, los conocimientos, el estilo. Tres pautas a seguir que favorecen la generación de confianza son:

  • Aprovechar los puntos fuertes
  • No perder relevancia
  • Saber adónde se va

Cuando hablamos de resultados hablamos de rendimiento, de conseguir hacer. Tres actitudes que ayudan a conseguir resultados son

  • Asumir la responsabilidad de los resultados
  • Esperar ganar, el efecto Pigmalión, la profecía autocumplida
  • Mantener la fuerza hasta el final

Un último apunte a tener en cuenta referente a la confianza: se gana o se pierde a gran velocidad.

Antiaging cerebral

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En la última década, hay un creciente interés por la neurociencia, especialmente en busca de respuestas a cómo avanzar en la cura de ciertas enfermedades neuronales, cómo desarrollar el potencial del sistema neurológico, cómo mantener e incrementar el rendimiento cognitivo o la simple curiosidad de saber más sobre el funcionamiento de una de las creaciones más maravillosas de la naturaleza, el cerebro.

La principal función del cerebro es mantener vivo al organismo para que pueda interactuar con el entorno, a través de sus tres funciones, sensitiva, motora e integradora. Hoy sabemos que el cerebro es moldeable y que gracias a su neuroplasticidad – la extraordinaria capacidad para formar redes neuronales nuevas o modificar las existentes de forma constante – todos podemos desarrollar sus funciones ejecutivas a cualquier edad.

El cerebro está en permanente desarrollo durante la niñez, la infancia y la pubertad, alcanza su madurez hacia los treinta años y su pleno desarrollo a los cuarenta. A partir de esa edad, mantener un cerebro sano y balanceado es fundamental para retrasar su envejecimiento y ganar en calidad de vida. Los temas que más preocupan a medida que envejecemos son la memoria, su deterioro y la reducción de la velocidad de procesamiento de la información.

La neurociencia ha puesto en evidencia una serie de actitudes vitales que nos ayudan a retardar el envejecimiento cerebral: la primera de ellas es la práctica del ejercicio aeróbico de forma moderada, de 30 a 60 minutos, tres veces por semana. Además de oxigenar las células cerebrales, el deporte libera neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que ayudan a reducir el estrés. Dormir bien es otra de las principales recomendaciones a seguir si queremos ayudar al equilibrio de nuestro cerebro. Él nunca duerme y mientras dormimos la neocorteza y el hipocampo consolidan los recuerdos.

Una alimentación sana es un hábito muy importante para mantener el cerebro en forma, al aportar los nutrientes necesarios. El evitar aquellas cosas que podemos calificar como tóxicas por descontado evitarán desequilibrios y disfuncionalidades: el alcohol, el tabaco, las drogas e incluso las relaciones que nos limitan. En el ámbito de las relaciones, es muy recomendable el salir de la rutina y mantener una actitud abierta y curiosa a aprendizajes y experiencias, que nos reporten diversión y diversidad. La risa es una gran aliada para activar el núcleo accumbens lo que provoca una sensación de bienestar que puede durar horas. En el ámbito personal, nos van a ayudar mucho los pensamientos positivos, la gestión de las emociones y el disfrute de las pequeñas cosas. Practicar la visualización creativa, dominar la técnica de la respiración profunda, utilizar el lenguaje en positivo y eliminar los bloqueos internos a la creatividad, nos va a permitir tener un cerebro más activo.

El coaching promueve estas actitudes e incorpora muchas de estas técnicas, para permitir aprovechar la máxima potencialidad de nuestro cerebro, descubrir alternativas y nuevas posibilidades y así conseguir resultados extraordinarios en nuestro día a día a cualquier edad.